Número 5 Retórica

Introducción al análisis retórico del texto fílmico

Mario Rajas

 

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1. Introducción

2. El espacio del análisis y la construcción retórica

2.1. Delimitación de áreas: Poética, Narrativa, Pragmática y Estética
2.2. La Retórica fílmica

3. La doble vertiente de las investigaciones retóricas aplicadas al cine

3.1. La comunicación persuasiva
3.2. La construcción textual retórica

4. Propuestas de líneas de investigación

5. Bibliografía

 

2. El espacio del análisis y la construcción retórica.

Estableceremos en este epígrafe una delimitación de las distintas perspectivas de análisis discursivo limítrofes, complementarias y, en algunos aspectos, comunes a la Retórica, definiremos ésta y enumeraremos las parcelas de estudio abarca ésta.

2.1. Delimitación de áreas: Poética, Narrativa, Pragmática y Estética.

El análisis de textos fílmicos puede emprenderse desde muy variadas disciplinas (semiótica, psicoanálisis, sociología, etc.). Cualquier aproximación, por muy heterogénea que sea su procedencia, empieza por fijarse unos objetivos determinados y, de acuerdo a ellos, proponer unos instrumentos metodológicos que se consideren pertinentes para la obtención de resultados satisfactorios.

En el ámbito de los enfoques discursivos, es decir, de los estudios que sitúan como objetivo primordial el análisis de la construcción textual, indagar cómo están realizadas las obras, se produce una confluencia de perspectivas que, por su propia naturaleza híbrida, con gran recorrido histórico (son materias de estudio desde la antigüedad clásica) y por el carácter igualmente heterogéneo del discurso fílmico, se complementan y solapan. Debemos, por consiguiente, distinguir y demarcar estos enfoques específicos y establecer la relación existente entre ellos, para encarar un análisis retórico plenamente autónomo, desligado del resto de las disciplinas colindantes.

En primer lugar, entendemos la Poética fílmica , como el estudio general de la construcción de los textos cinematográficos. Es decir, la disciplina que integra a las demás, a la Narrativa, la Retórica, la Pragmática y la Estética fílmicas. Al respecto, ha existido a lo largo de la historia un enconado debate sobre si esa función marco de construcción textual correspondería a la Poética o, por el contrario, habría que atribuírsela a la Retórica. Las razones aducidas son, primero, entender que no existe ningún texto que no pueda ser considerado de carácter persuasivo, y segundo, que los distintos componentes del discurso (como el orden o las figuras codificadas) se han analizado frecuentemente desde el ámbito de la Retórica, relegando a la Poética al espacio restringido de la lírica, la composición literaria o los estilemas reconocibles en determinados autores, escuelas, movimientos o corrientes. Ninguno de los dos motivos, como veremos, resultan suficientes para defender una supremacía disciplinar de la Retórica, y, en cambio, en el espacio concreto del texto fílmico, caracterizado por la mezcla de múltiples sustancias expresivas, sus convergencias tecnológico – creativas y sus amplias funciones industriales, comunicativas y artísticas, la Poética 2, como estudio de la construcción del film en su conjunto, resulta la disciplina adecuada para englobar a las demás.

En segundo lugar, la Narrativa o Narratología fílmica, se encarga del estudio de las obras cinematográficas narrativas, es decir, los textos que exponen un relato, que cuentan una historia. El hecho de que el cine hegemónico de ficción sea en esencia narrativo, ha convertido a la disciplina en la corriente mayoritaria a la hora de estudiar el mismo. Sin embargo, como hemos apuntado, la Poética de un texto es previa a su configuración como relato o no.

Podemos distinguir dos planos de análisis en una narración cinematográfica. La historia o contenido narrativo (Qué), compuesta por el espacio, el tiempo, los personajes y las acciones, y el discurso (Cómo), la forma de plasmar fílmicamente ese contenido por medio del tratamiento de las sustancias expresivas (principalmente la imagen y el sonido). Es decir, entendemos el discurso narrativo siempre en relación a la historia a la que da forma, lo que lo distingue del discurso retórico, más desligado de elementos de contenido concretos a los que obedecer o contradecir. Aún así, son bastantes los puntos de confluencia entre la Narrativa y la Retórica cuando el objeto analizado es un texto ficcional, como veremos.

En tercer lugar, la Pragmática fílmica, analiza la relación con los receptores de la comunicación cinematográfica y las circunstancias o contextos del consumo de películas. Al igual que la Retórica, sitúa, por lo tanto, al usuario del proceso comunicativo, en este caso el espectador, como centro de su materia de estudio, si bien la diferencia entre una y otra disciplina redunda en que mientras la Pragmática aborda el proceso desde el acto de recepción, la Retórica lo hace desde el texto, desentrañando su carácter persuasivo y las intenciones de cara a influir en el usuario manifestadas por el emisor.

Por último, la Estética fílmica, es la perspectiva de estudio a la que se encomienda la vertiente estrictamente artística del cine, entendida ésta como el análisis formal puro desligado de connotaciones ajenas a los propios conformantes tecnológico – expresivos del texto fílmico. La Estética 3, por lo tanto, incidirá en los aspectos discursivos correspondientes a la plasmación visual y auditiva de las películas (la escenografía, la fotografía, etc.) y a sus posibles articulaciones, para su comprensión y exposición didáctica, en la Historia artística del cine (escuelas, movimientos, períodos, etc.). Tradicionalmente, en sentido peyorativo, se ha asociado la presencia de elementos retóricos (como ornatus ) con el campo estético, por considerar su aparición en el texto como algo superfluo 4 que pretende exclusivamente la búsqueda de la belleza en detrimento de la función. Ni la Retórica, como veremos, ni la Estética, son ramas prescindibles, y las tareas adjudicadas a esta última, lejos de circunscribirse a reducidos ámbitos expresivos, son la base ineludible sobre la que erigir un análisis de los heterogéneos códigos (no gramaticales en sentido estricto) que conforman el discurso fílmico.

Por lo tanto, constatamos que cada área de estudio tiene una serie de funciones específicas atribuidas, que, si bien coinciden en determinados aspectos, y, sobre todo, convergen en determinadas fases del proceso creativo y analítico (por ejemplo la Estética, al encargarse de la faceta tecnológico – expresiva y la Narrativa, antes de integrar esos elementos en un relato) pueden distinguirse y delimitarse a la hora de facilitar la investigación y la exposición didáctica de un análisis textual fílmico. La Poética, por consiguiente, engloba como disciplina general de la construcción discursiva 5 a la Estética, la Narrativa, la Pragmática y la Retórica, las cuales, por un lado, comparten áreas comunes (lo que ha generado la extendida práctica de que desde una sola de estas disciplinas suelan estudiarse elementos pertenecientes a las restantes, como sucede frecuentemente con la faceta Narrativa) pero, por otro, detentan funciones claramente definidas que las distinguen del resto y que impiden la viabilidad de ese planteamiento reduccionista.

2.2. La Retórica Fílmica.

La Retórica (de los vocablos griego y latino, “ rhetorikh ” y “ rhetorica”) ha sido una disciplina firmemente asentada en los estudios sobre el acto comunicativo verbal, oral, primero, escrito, después, desde la antigüedad clásica. Para completar un recorrido histórico por las variaciones, añadidos y reformulaciones que ha experimentado el término, remitimos a Mortara Garavelli (2000). Destaquemos de ese devenir que, tras un nuevo periodo de esplendor durante la Edad Media de las distintas materias que tratan del discurso, la Retórica padeció el desprecio y finalmente cayó en el ostracismo por su presunta inutilidad, pedantería y relación superflua con el texto, por haberse convertido en una “repetición acrítica de esquemas y modelos vulgarizados y vulgares, la vaciedad elevada a sistema: en suma, el acervo de incrustaciones que habían vuelto irreconocible un monumento venerable […] Retórica como declamación, frialdad, exceso, ostentación y engaño, degeneración del estilo” (Mortara Garavelli, 2000:7), hasta que a mediados del pasado siglo, a partir del famoso texto Tratado de la argumentación de Perelman y Olbrechts-Tyteca, originalmente publicado en 1958, la Retórica renació académicamente ajustada a los nuevos tiempos y a los nuevos medios de comunicación social.

Coinciden los autores versados en la materia en señalar un rasgo fundamental en el discurso retórico: su carácter persuasivo. Un enunciador pretende influir de determinada manera, pretende obtener determinada respuesta del receptor, y para alcanzar su objetivo, introduce en el seno de su comunicación una serie de recursos, en varios niveles extensivos del texto (como conjunto, partes específicas, etc.) y de diversa naturaleza fonética, morfológica, sintáctica, gramatical o semántica.

Esa persuasión es entendida en sentido amplio, no circunscrita a una intencionalidad tipificada o restringida, a la que pudiera adherirse connotaciones negativas, quedando únicamente supeditada a la construcción textual concreta y al ámbito comunicativo específico donde el texto, en este caso fílmico, cobra vida. De ese modo, una película puede querer emocionarnos, divertirnos, convencernos de lo erróneo de una aseveración convencionalmente asumida, proponernos una nueva visión de las relaciones humanas, o varias de estas acciones a la vez. En cualquiera de estos ejemplos lo que subyace o se manifiesta explícitamente (y justifica la existencia del propio texto) es la intención de un emisor de provocar un cambio, mediante su intervención comunicativa, en un estado previo del receptor.

Esas intenciones persuasivas, como ya adelantaba Aristóteles, sólo se subordinan a una intención necesaria, inherente a todo texto: que se permita su difusión completa, su desarrollo concluso, es decir, que el oyente no abandone la comunicación antes de finalizada ésta. Para ello el discurso retórico establecerá, en primer lugar, determinados mecanismos para que la comunicación no se dé por terminada hasta que el orador lo considere oportuno. Sin esa condición básica, cualquier otro despliegue persuasivo quedara lastrado, será ineficaz, o sólo acarreará lecturas aberrantes, y por lo tanto, contrarias a su genuina intencionalidad, pero, a partir de ahí, la persuasión no se constriñe 6 a una serie limitada de pretensiones 7.

Históricamente, se han establecido, además de pautas de elaboración general del discurso (proceso argumentativo y la disposición y expresión del mismo) fórmulas tipificadas, las denominadas figuras, que han codificado la función persuasiva, en términos de eficacia y recurrencia de uso, para su concreción en el texto. Lo veremos a continuación.

Por otro lado, como indica Albaladejo, la Retórica es a la vez un arte y una ciencia. “Cómo arte o técnica consiste en la sistematización y explicitación del conjunto de instrucciones o reglas que permiten la construcción de una clase de discursos que son codificados para influir persuasivamente en el receptor” y “Como ciencia, la Retórica se ocupa del estudio de dichos discursos en sus diferentes niveles internos y externos, en sus aspectos constructivos y en sus aspectos referenciales y comunicativos” (1993: 11).

Por lo tanto, la Retórica se encuentra tanto en el proceso de construcción de los textos fílmicos como en el análisis de los mismos, y, a su vez, resulta posible distinguir dos grandes espacios de investigación retórica, el estudio de la comunicación persuasiva, por una parte, y el estudio de las construcciones retóricas internas del texto, por otra.

 

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