Número 5 Retórica

TIPO/RETÓRICA
Una aproximación a la Retórica Tipográfica

Roberto Gamonal Arroyo
robertogamonal @yahoo.es

Profesor de Diseño Gráfico y Análisis de la Imagen.
Universidad Francisco de Vitoria.

Versión completa del artículo

 

Introducción

1. Una aproximación entre Retórica y Tipografía

2. La Tipografía y las dos Retóricas

3. Tipo/Retórica: trabajando juntas

3.1. Retórica para comprender la Tipografía

3.1.1. La transparencia de la Tipografía

3.1.2. La anatomía del tipo y del carácter

3.1.3. Lenguaje técnico en Tipografía

3.2. Retórica para construir tipos de letras

3.2.1. Líneas fundamentales de la letra

4. Conclusiones

Bibliografía

 

 

1. Una aproximación entre Retórica y Tipografía

La Retórica Clásica, desde sus orígenes allá por el siglo V a.C., se ha encargado de sistematizar el estudio del discurso oral como instrumento persuasivo en los foros jurídicos y políticos. Los clásicos establecieron las cinco fases de creación del discurso: inventio , dispositio , elocutio , memoria y actio . Aristóteles introdujo como base de su Retórica el argumento, personificado en la figura del entimema, razonamiento elaborado mediante premisas probables (Aristóteles, 1990, 19).

Pero con el paso de los años la argumentación dejó de ser la piedra angular sobre la que se construía el discurso y la disciplina quedó reducida a un mero catálogo de figuras retóricas. Esto ha supuesto para la Retórica un gran lastre que impidió su desarrollo y generó una connotación peyorativa en torno a ella de lenguaje ampuloso y rebuscado. Este descrédito se debe a un excesivo ensalzamiento de la elocutio frente a las otras fases constituyentes del discurso que son de vital importancia como la inventio y la dispositio .

Desde hace varias décadas asistimos a un renacimiento de la Retórica, impulsada por la publicación en la década de los 60 del pasado siglo XX del “Tratado de la argumentación: la nueva retórica” de Perelman y Olbrechts-Tyteca. (Mortara Garavelli, 1991, 7). A partir de esta obra, la Retórica despertó de su letargo y extendió sus redes más allá del discurso y del lenguaje. Roland Barthes, su discípulo Jacques Durand y los integrantes del Grupo m , entre otros, empezaron a sentar la bases de una Retórica Visual, trasladando los conocimientos fraguados durante siglos alrededor del lenguaje y la literatura al terreno de la imagen.

Por su parte, la Tipografía nace con la estandarización de la escritura mediante los tipos móviles y su impresión. A pesar de que su invención se atribuye a Gutenberg en 1440, existen antecedentes que confirman que en China ya se usaban tipos móviles, aunque de madera, en el año 960. Oficialmente, el inventor de los tipos móviles es Pi Sheng que en el 1045 fabricó caracteres de arcilla endurecida al fuego usando moldes de metal.

La Tipografía es la representación gráfica del lenguaje a través de la escritura formalizada y estandarizada. Como disciplina se encarga del estudio y la clasificación de familias o tipos de letras, así como del diseño de esos caracteres y su composición para formar un texto. Pero también es el procedimiento de impresión mediante tipos móviles utilizados en la confección de libros, revistas, periódicos y otros materiales de comunicación escrita.

Tras estas definiciones vislumbramos cómo la Tipografía se encarga, primero, de perfilar las formas de las letras y segundo, de organizarlas en palabras, oraciones, párrafos, en definitiva, textos que sean capaces de cautivar al lector para que sean leídos.

En la primera afirmación subyace la idea de que una letra es también una imagen y en la segunda, subyace la idea de texto. El tipo es imagen y texto a la vez. A Martin Solomon le gustaba llamarlo: TIPO-ICONO-GRAFÍA, una única palabra en la que se unen la letra, la imagen y la escritura. (Solomon, 1988, 8).

esquema de la relación entre Retórica y Tipografía

Juan Martínez-Val, en su libro “Tipografía Práctica”, culmina su primer capítulo con unas conclusiones que tienen muy en cuenta la triada “letra-imagen-escritura” haciendo un alegato a favor del respeto a la Tipografía y aproximando esta disciplina a la Retórica (Martínez-Val, 2002, 53):

>  Las letras son cosas:
Parafraseando a Frederic W. Goudy que decía que “las letras son cosas, no imágenes de cosas”, el autor afirma que las letras son entidades con personalidad propia que no podemos alterar de manera caprichosa porque son un bien social bello y práctico. Nos recuerda que la escritura se basa en símbolos anclados en la historia y en la sociedad.

>  Las letras son imágenes de cosas:
En los albores del nacimiento de la escritura, las letras fueron imágenes de cosas. Aunque esto se ha perdido debido a la abstracción de los signos de los antiguos alfabetos, la letra sigue siendo una imagen. Martínez-Val no está de acuerdo con la famosa cita de “una imagen vale más que mil palabras” porque una palabra impresa ya es, en sí misma, una imagen. Un ejemplo claro es que cuando leemos un texto, instintivamente, no nos fijamos en las formas de las letras. Pero cuando ese texto está escrito en una lengua extranjera que no conocemos, contemplamos las letras como formas, como imagen.

>  Las letras son productos históricos:
Cada uno de los diseños de letras que se han realizado a lo largo de la historia viven pegados al tiempo en que nacieron y se desarrollaron. Las letras nos hablan de ese tiempo y reflejan el espíritu de su época y el de los hombres que las crearon.

>  Las letras son representaciones fonéticas:
Las letras que forman una palabra nos remiten a imágenes mentales de lo que esas palabras representan en el lenguaje verbal (significante y significado).

>  Las letras son símbolos retóricos:
El autor afirma que se trata de una Retórica en el sentido que estamos apuntando en este artículo y que ya los griegos concebían como el conjunto de técnicas que se utilizan para crear un mensaje persuasivo y mejorar su eficacia. No una Retórica ampulosa, vana y vacía. Inevitablemente, cuando imprimimos un texto llenamos la página de sensaciones y emociones asociadas a las letras que usamos. Estas sensaciones, asegura el autor, pueden tener un carácter nacional o una implicación tecnológica e incluso política, religiosa o geográfica. No existe una tipografía neutra. Todas están llenas de simbolismo. Este es el extraordinario poder de la Tipografía: su fuerza simbólica.

Martínez-Val cierra estas conclusiones con un ejercicio poético y lleno de Retórica: “Hay letras líricas y otras pesadas como elefantes; tipografías femeninas y tipografías masculinas; caracteres que emprenden el vuelo con facilidad y dilatan la fantasía y escrituras que nos pegan a la dura piel de los negocios”.

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