2. La Tipografía y las dos Retóricas
En la Tipografía se dan la mano la Retórica Verbal y la Retórica Visual ya que las letras son a la vez signos lingüísticos y signos visuales. La fuerza simbólica que tiene la Tipografía y que nos señala Martínez-Val no es otra cosa que Retórica, entendida a la manera del Grupo m (1987) como un conjunto de operaciones que transforma el sentido estricto del lenguaje (grado cero) en un lenguaje figurado lleno de nuevos y múltiples significados.
Los caracteres pueden transmitir no sólo información textual, sino también múltiples emociones y sensaciones a través de su forma. La elección de un tipo de letra nunca es arbitraria y requiere un ejercicio de reflexión que siempre tiene en su punto de mira al lector-receptor y los conceptos e ideas que se le quieren transmitir.
La expresión puede alterarse con un simple cambio tipográfico. Un mismo texto compuesto con diferentes tipos produce sensaciones diferentes, aunque digan exactamente lo mismo.
Willberg y Forssman (2002) afirman que este efecto se produce por dos motivos:
> la forma abstracta de los caracteres: finos, gruesos, redondos, sinuosos, rudos, elegantes, etc.
> la experiencia vital de una escritura: es decir, por lo que se ha vivido con ella.
Emil Ruder (1983) ahonda en esta cuestión diciendo que la tipografía tiene dos caras: por un lado, está condicionada por su finalidad práctica y por otro, se expresa mediante un lenguaje artístico formal. Tanto forma como función están directamente determinados por la época en las que fueron creadas o fueron utilizadas.
Esta retrospección al carácter temporal de la Tipografía nos remite al concepto retórico-aristotélico de topoi . Aristóteles los concebía como los lugares comunes y específicos a los que acudía el rethor para buscar sus argumentos para elaborar el discurso. Los lugares pueden agruparse en lugares de la cantidad, la cualidad, el orden (temporal o espacial), lo existente, la esencia y la persona (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1994:147).
Claros ejemplos de la “experiencia vital” de las letras son estas creaciones tipográficas:
> La tipografía basada en la letras capitales de la columna trajana nos remiten indefectiblemente a la Antigüedad Clásica y los gloriosos tiempos de Roma.
> Los rasgos sinuosos y puramente ornamentales del tipo de letra Art Nouveau nos conducen a finales del siglo XIX y principios del XX donde se desarrolló el movimiento artístico que lleva el mismo nombre.
> La letra gótica es un caso especial en el que se aúnan cuestiones temporales, geográficas y políticas. Se trata de un tipo de escritura desarrollado antes de la invención de la imprenta, pero adaptado a ella en sus comienzos. La letra gótica nos remite temporalmente a la Edad Media, geográficamente a los países centroeuropeos (concretamente a Alemania) y políticamente al nazismo. Aunque la gótica sea un tipo de letra “inocente”, lleva el estigma negativo de haber servido como “tipografía oficial” de la propaganda nazi.
La Tipografía y la Retórica tienen como nexo de unión el Lenguaje. Ambas trabajan con las letras como materia prima, tratándola como texto e imagen a la vez. La Retórica, elaborando textos persuasivos y la Tipografía, dándoles una presencia atractiva que invite a su lectura.
Pero la persuasión, aunque es la función más clásica de la Retórica, no es la única:
> Función comunicativa: la Retórica toma el sentido del lenguaje estricto para transformarlo en un lenguaje figurado, un nuevo mensaje capaz de convencer y persuadir. Toda comunicación lleva implícita la persuasión.
> Función constructiva: mediante la utilización de las figuras retóricas se puede construir un mensaje con una finalidad determinada y dirigido a un público determinado.
> Función estética: la Retórica busca persuadir a través de los argumentos y conmover a través de la belleza del lenguaje. Esta función suele utilizarse en la poesía.
> Función didáctica: la Retórica facilita la comprensión de los textos mediante comparaciones que nos hacen más accesibles las ideas y conceptos (metáforas, símiles...). No en vano la Retórica se impartió en la escuela clásica y medieval como una asignatura esencial.
La Tipografía también comparte estas funciones con la Retórica:
> Función comunicativa: los signos tipográficos son traducidos del lenguaje escrito al lenguaje hablado y adquieren un significado a través de la lectura. La Tipografía busca la mejor disposición formal de los textos para que éstos comuniquen y sean leídos con claridad. Mediante su legibilidad se asegura su comunicación.
> Función constructiva: la Tipografía se encarga del diseño de las letras. Con los tipos formamos palabras, con las palabras oraciones y con las oraciones textos de muy diferente extensión que se pueden transformar en libros, revistas, periódicos y otros materiales de comunicación escrita.
> Función estética: la forma de las letras tienen como objetivo la legibilidad de los textos, pero esas formas también tienen implícito un componente estético que las hace ser bellas: la sinuosidad de los remates, las sutilezas de las modulaciones...
> Función didáctica: la Tipografía contribuye a la compresión de los textos mediante la legibilidad y su ordenación dentro del espacio de la página en blanco. A través de los tiempos, la cultura se ha transmitido de generación en generación gracias a la plasmación del saber en los libros.
No nos olvidemos de la función persuasiva. También la Tipografía busca persuadir al lector para que lea un texto mediante la elección de un tipo de letra adecuado y una composición clara, atractiva y legible.
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