Número 6 Creatividad

LA CREDIBILIDAD DE LA VOZ COMO ASPECTO PERSUASIVO DE CREACIÓN RADIOFÓNICA

M. Julia González Conde

Profesora de Información y Comunicación Audiovisual.
Universidad CEU- San Pablo.

Versión completa del artículo

 

1. Voz, credibilidad y efectos persuasivos

2. La Voz como comunicación afectiva

3. Cualidades expresivas de la Voz

3.1. La voz según su tonalidad
3.2. La importancia de los signos extralingüísticos

4. ¿Qué entendemos por credibilidad?

4.1. La credibilidad de la voz
4.2. Técnicas concretas de voz en la expresión oral

5. Algunos puntos importantes

Referencias bibliográficas

 

3. Cualidades expresivas de la Voz

De la misma manera que no hay dos huellas dactilares iguales, no hay dos voces idénticas. Cada voz tiene un matiz propio e inimitable, que es lo que la hace única; una serie de características, que la diferencian de las demás. Si bien es cierto que las voces se pueden imitar, la emulación nunca llegará a ser exactamente igual que el modelo imitado.

Estas cualidades son la intensidad, el tono y el timbre, aunque hay algunos autores, como Emma Rodero (2003:41) Carmen Pérez y Arturo Merayo (2001:79), que incluyen “ la duración ” como una cuarta cualidad en esta clasificación.

La intensidad de la voz equivale al volumen y es la fuerza o potencia de emisión de las vibraciones que proceden de las cuerdas vocales. Es la energía con la que el aire es impulsado desde los pulmones hacia las cuerdas vocales. De esta forma, si hablamos en voz baja, la intensidad es muy débil, mientras que, si hablamos en voz alta la intensidad será mayor y necesitaremos respirar con mayor frecuencia. La intensidad baja se corresponde con las sensaciones de tranquilidad, intimidad, tristeza o cercanía; la intensidad alta la asociamos con la alegría, rabia, agresividad o ánimo.

Según la actitud del hablante, su estado físico y sentimental y las circunstancias en las que se encuentre, la intensidad será mayor o menor, pudiendo incluso variar durante el discurso; esto hace que la carga emocional de una persona se transmita a través de esta cualidad. No obstante, también hay que tener en cuenta lo que se va a decir, ya que para narrar un relato íntimo no se utiliza la misma intensidad que la que se usa en una reunión social.

Asimismo, variar la intensidad cuando se habla permite retener la atención de los oyentes y evitar la monotonía; además, también sirve para diferenciar los posibles significados de una misma palabra atendiendo a cómo se enuncia el sonido. (No es lo mismo plato que plató, o calle que callé ).

En el medio radiofónico, los comunicadores deben tener en cuenta que, dada la sensibilidad que tienen los micrófonos, no es necesario que aumenten demasiado la intensidad cuando el discurso lo requiera, sino que basta con que suban un poco el tono de voz. De lo contrario, se produciría la saturación del sonido y el mensaje sería incomprensible y, por lo tanto, poco creíble. De esta forma, la sensación que percibirá el oyente será similar a la que hubiese oído si realmente se hubiera aumentado la intensidad (como si el locutor en un momento determinado, diera más importancia a las palabras del discurso).

El tono (agudo o grave) es la altura o elevación de la voz que resulta del número de veces en que vibran nuestras cuerdas vocales. Cuantas más vibraciones (mayor frecuencia), más aguda es la voz y más alto el tono; por el contrario, cuantas menos vibraciones (menor frecuencia), más grave es la voz y más bajo el tono. De esta manera, el tono permite clasificar el sonido en más agudo o más grave.

De forma general, el hablante, según sea hombre o mujer, tendrá un tipo de tono. Las voces graves las asociamos a los hombres y a los calificativos de “seria”, “seguros” o “adultos”. Las voces medias y, sobre todo agudas las asociamos a las mujeres y las consideramos más “infantiles”, “chillonas”, “dulces”, “familiares” y “alegres”. (Huertas, 1999: 90) Todas, tanto masculinas como femeninas, tienen un tono, denominado “tono medio”, que es el que usan habitualmente, y todas, se pueden mover en una escala de graves y agudos.

El estado de ánimo y la actitud del hablante son cualidades de la voz que determinan su forma. Así, los sentimientos del emisor del mensaje se transmiten a través del tono con el que hable. Por eso, es muy importante que los locutores (comunicadores, informadores...) radiofónicos aprendan a controlar sus emociones y el tono con el que hablan. De lo contrario, un mensaje alegre podría parecer triste, y viceversa, disminuyendo la credibilidad del mismo.

Es recomendable también, y así lo considera Arturo Merayo (2001:79) con el que estamos de acuerdo, que para obtener un mejor resultado sea el mismo redactor de la información el que la transmita, puesto que sabrá con qué intención ha escrito cada palabra y el tono que debe emplear para ello.

El timbre , que unido al tono y a la intensidad recibe el nombre de “color de la voz”, es la cualidad que nos permite distinguir una voz de otra al escucharlas. El timbre es lo que hace que una voz sea agradable o desagradable, y a partir de él, los oyentes de radio se hacen una idea propia de cómo es el rostro del locutor, ya que tendemos a asociar unas características físicas a sus determinados tipos. De hecho, la constitución física (cara, mandíbula, dientes, paladar, alvéolos o nariz) determina un timbre determinado. Por eso, es normal que los miembros de una misma familia tengan timbres parecidos. De todas formas, la voz es como el DNI de las personas, no hay dos iguales. Aunque puede modificarse (variando las dimensiones y la forma de la cavidad bucal o corrigiendo las tensiones de los músculos de la laringe y respiratorios, entre otras fórmula), por ejemplo para hacer imitaciones, el timbre es lo que hace que cada voz sea única. Además, hay distintos tipos de timbre que el hablante emitirá en función de su actitud y de su estado de ánimo (al igual que con las demás cualidades). Si el que habla está alegre y feliz, el timbre será brillante; si está triste o tiene miedo, será opaco; si habla con normalidad, será absoluto o neto; si transmite poder, energía o certeza, será rotundo y si dice frases confidenciales o amorosas, el timbre es apagado, casi ausente.

Por lo tanto, es conveniente que el comunicador en la radio domine tanto esta cualidad como las demás. Para eso, necesita educar y entrenar su voz, y una vez que lo haya conseguido, su credibilidad y su expresividad serán mayores.

Un cuarto factor que, como decíamos antes, es introducido por algunos autores, es la duración. Una cualidad que hace que los sonidos sean apreciables debido a su extensión en un período de tiempo. Si el sonido tuviera una duración de una milésima de segundo no sería perceptible o no lo identificaríamos. Cada persona tiene una velocidad media propia (una duración propia) cuando habla. Para comprender una locución, la velocidad media del habla es de entre 125 y 190-200 palabras por minuto, incluyendo velocidades lentas y rápidas. (Rodero, 2003: 206-214)

La duración de la voz está en función de la cantidad de aire que seamos capaces de almacenar en los pulmones para luego espirarlo en la lectura, y este proceso es diferente en cada individuo. Por ello, es importante que todo comunicador sepa cuál es su capacidad, ya que influirá en el ritmo de su locución y, con ello, en la lectura de su discurso. Si no almacena suficiente aire, tendrá que parar, al azar, cuando se lo pida el cuerpo, en la mitad de la frase para respirar de nuevo. De esta forma, el mensaje pierde sentido, lo que no contribuye positivamente a la credibilidad de su contenido ni a la del informador.

El estado de ánimo también es una parte muy importante cuando hablamos y que no hay que descuidar, ya que la velocidad a la que nos expresemos depende de si estamos contentos y felices (duración menor, hablamos más rápido) o de si estamos tristes (duración mayor, hablamos más despacio). Los oyentes lo perciben y así obtienen información del estado anímico del informador.

 

3.1. La voz según su tonalidad

Hay muchos tipos de voces y se han hecho distintas clasificaciones atendiendo a diferentes aspectos de la voz. Para nuestro estudio hemos elegido la disposición según el tono, que es la cualidad de la voz que permite distinguir las femeninas de las masculinas, además de diferenciar los sonidos agudos de los graves.

•  Las voces graves, en general, se valoran más que las medias o las agudas, ya sean masculinas o femeninas, aunque en cuanto a estas últimas existe una mayor tolerancia si no son tan graves. Una voz grave es más intensa y, según Rodero (10/05/05) “ la voz se fuerza menos y se puede hablar durante más tiempo sin sobreesfuerzo ”. Es una voz agradable porque es cálida, próxima y cercana para el oyente además de aportar seguridad y tranquilidad, algo que se valora en gran medida. Por eso, una voz grave “ se percibe como más segura y creíble ”. ( Rodero, 10/05/05)

Por su parte , el autor Rodríguez Bravo 1, dice que “ el locutor construirá una voz mucho mejor aceptada por los oyentes siempre que procure hablar situándose acústicamente en torno a sus registros más graves .”

Según el estado de ánimo del hablante (hombre o mujer), su voz será más o menos grave. Los estados de ánimo que se asocian al tono grave son la tristeza, la tranquilidad, o el aburrimiento. También una voz determinada podrá utilizarse para crear ambientes más o menos íntimos.

Las voces graves en los hombres se caracterizan por ser muy masculinas, tienen mucho volumen y gran sonoridad y algunos autores como Martínez Lluna (1985:50), las describen como “robustas y poderosas”. En el caso de las voces graves femeninas, este mismo autor las caracteriza por su “robustez y pastosidad”. (Martínez Lluna 1985:49).

•  Las voces medias son las más comunes, y a las que estamos más habituados. Dentro de esta categoría podemos encontrar voces medias-agudas, voces medias y voces medias-graves. Este tipo de voces tiene la ventaja de poderse modular dentro de una gama más amplia de tonos que si se tratase de voces agudas o de voces graves, lo que da lugar a una mayor variedad. Son más ricas, tonalmente hablando. Esto hace que la escucha del mensaje, por parte del oyente, sea más agradable, más amena y, por lo tanto, se preste más atención al contenido de la información.

Sin embargo, y a pesar de que las voces graves son las más aceptadas, las más creíbles y las que más confianza dan en el medio radiofónico son las voces medias, sobre todo si se trata de voces femeninas- parecen ser bastante aceptadas y dignas de credibilidad.

En la credibilidad de la voz, no sólo hay que tener en cuenta el tipo de voz que se tenga o el dominio de las distintas técnicas vocales, sino también otro factor muy importante, que es la actitud que tenga el hablante a la hora de dirigir su discurso.

•  Las voces agudas son más lejanas que las graves, producen una sensación de lejanía y frialdad. Además requieren un mayor esfuerzo a la hora de hablar y tienen menor intensidad. Normalmente, las voces agudas se asocian a estados de ánimo alegres y de excitación. (Rodero, 10/05/05) las identifica como tonos que se perciben claramente por tratarse de voces más limpias y transparentes.

Este tipo de voces son más desagradables en los hombres que en las mujeres, que por lo general tienen un tono de voz más agudo que ellos. Son tonos que transmiten inseguridad, inmadurez y tienen menos credibilidad.

De este modo, una voz aguda de hombre no resulta atractiva porque suena infantil y carente de autoridad y credibilidad, mientras que las voces agudas femeninas tienen una mayor tolerancia por parte de los oyentes, quienes no la consideran molesta aunque sí menos seria y poco creíble.

3.2. La importancia de los signos extralingüísticos

En la comunicación con nuestros semejantes, no sólo se atiende a las palabras que son pronunciadas, sino que prestamos especial atención, a veces inconscientemente, a la comunicación no verbal (miradas, gestos, movimientos corporales, etc.). Los signos extralingüísticos sustituyen, enriquecen y acompañan a la comunicación verbal. De hecho, según el estudio de R. Birdwhistell que comentan Jesús Sáiz Olmo y Carlos Fanjul Peyró (2004:201), un 80% de la información en la comunicación humana es no verbal.

En la radio, un medio exclusivamente sonoro, se pierden estos elementos, aunque, en su lugar, habría que hablar de pausas, formas de cadencia, anticadencia, suspensión, armonía, emotividad, entonación o ritmo, y en cómo son utilizados por la voz radiofónica. Su función, como bien dicen Sáiz Olmo y Fanjul Peyró (2004:199), es potenciar y elevar la información y hacer que el receptor participe activamente en el proceso de la creación de una imagen a partir de las palabras pronunciadas.

En radio, definimos las pausas (González Conde, 2001: 61) como “ un pequeño silencio y la base del discurso expresivo; la variable que marca el principio y el fin de la palabra o grupo de palabras que conforman una unidad de sentido, que rompe la monorritmia ”.

Así, en la locución radiofónica, las pausas se agrupan en unidades fonéticas, que, para hacernos una idea de su duración, se relacionan con signos ortográficos de puntuación pero cuentan con una función diferente a la de la lengua escrita. El texto sonoro debe ser transmitido de forma análoga a la naturalidad con la que nos comunicamos oralmente con el resto de las personas en nuestra vida diaria. Para eso, ese texto necesita de sus propios signos de puntuación, distintos a los de los discursos escritos. El locutor radiofónico tiene que sustituir las pausas que responden a los signos de puntuación escritos por las llamadas pausas lógicas o voluntarias, llenas de intencionalidad, que se marcan según la respiración y la expresión o lenguaje oral, siguiendo la intuición del profesional, su forma particular de comunicar y el resultado que espera obtener; “son pausas inesperadas que subrayan el sentido de una determinada palabra o construyen una nueva estructura sintáctica, más adecuada a la oralidad y sonoridad del texto.” (Balsebre, 2000:72). De esta forma, el que transmite el mensaje consigue darle mayor credibilidad y más intensidad.

De igual forma, la comunicación no verbal se transmite, en el ámbito radiofónico, mediante la combinación de las cualidades de la voz, los efectos sonoros y las distintas intensidades y registros. Así como los elementos visuales no verbales que nos transmiten información sobre el comportamiento del cuerpo (conocidos también como comunicación kinésica), que llegarán a transformarse en distintas respiraciones para mostrar el movimiento, en la interpretación gestual de lo escrito o en usos del timbre de voz; las distancias serán interpretadas mediante susurros, intensidad o cambios de volumen en la voz; los elementos físicos del hablante (sexo, edad, belleza...) serán deducidos por el oyente gracias a los rasgos sonoros de la voz. Además, otro factor que condiciona la interpretación de los elementos sonoros no verbales pueden ser el ambiente y el contexto que rodea al informador.

Lo cierto es que, hay diferentes tipos de pausas. Cada autor hace su propia clasificación, pero si seguimos la que hace Emma Rodero (2003: 215-217), se distinguen dos tipos principales: como silencio o finales absolutas , que indican un cambio de tema y son las que más duran (entre 0,5 y 1 segundo); y oralizadas o llenas , de menos duración que las anteriores (cerca del medio segundo), con el fin de separar el discurso aunque no llega a producirse un silencio completo. En este apartado se incluyen las pausas obligadas , determinadas por los signos de puntuación y utilizadas por el locutor con el único fin de respirar y seguir dando información; y las pausas voluntarias que el locutor emplea con fines estéticos o expresivos según sea su intención. Las pausas voluntarias, dependiendo del autor, también reciben el nombre de “ pausas lógicas ” (Balsebre, 2000:72) o “valorativas” (González Conde, 2001:62), denominación que preferimos.

Las pausas, junto con la velocidad de lectura, son fundamentales a la hora de establecer el ritmo de la exposición y expresión de la información radiofónica.

Como veremos, al igual que en la dicción, la entonación y en el ritmo, a la hora de hacer una pausa también pueden cometerse fallos que den lugar a una mala comprensión del imagen auditiva y, por lo tanto, a una disminución de la credibilidad, no sólo del mensaje, sino también del locutor y, si se produce con frecuencia, también de la emisora. Si la pausa es injustificada (no es necesaria), la locución se empobrece, y si se hacen al azar, al libre albedrío (arbitrarias), entonces la percepción es confusa para el oyente, quien ha de esforzarse para ordenar la información recibida y darle sentido.

Así, este discurso, difícil de seguir, le restaría puntos a la credibilidad de su mensaje.

 

1Citado por Rodero Antón, Emma en “La voz informativa radiogénica”. En Revista mexicana de Comunicación. Disponible en http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/RMC/rmc79/voz.html Cita cogida de Rodríguez Bravo, Ángel Andrés (1989), La construcción de una voz radiofónica. Tesis Doctoral, departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona

 

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