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LA CREDIBILIDAD DE LA VOZ COMO ASPECTO PERSUASIVO DE CREACIÓN RADIOFÓNICA M. Julia González Conde Profesora de Información y Comunicación Audiovisual.
Universidad CEU- San Pablo.
1. Voz, credibilidad y efectos persuasivos2. La Voz como comunicación afectiva3. Cualidades expresivas de la Voz4. ¿Qué entendemos por credibilidad?
5. Algunos puntos importantesReferencias bibliográficas |
4. ¿Qué entendemos por credibilidad?La credibilidad , según la definición de la RAE, es la “ calidad de creíble ”; y se considera creíble algo que se puede creer, que a su vez significa “ tener por cierta una cosa que el entendimiento no alcanza o que no está comprobada o demostrada ”. Generalmente, en el ámbito informativo y de la comunicación es muy importante creer que lo que se nos cuenta es cierto, saber que las noticias y acontecimientos son verídicos y que quien nos lo comunica, merece nuestra confianza. Sin embargo, de todos los informativos y medios de comunicación que existen, deberíamos preguntarnos: ¿por qué elegimos uno y no otro? ¿Por qué nos gusta más un presentador, un periódico o una emisora (o locutor) que los demás? ¿Por qué seleccionamos conscientemente quién nos va a contar la información y no la escuchamos, vemos o leemos eligiendo el medio al azar? Esto es así porque, a pesar de que las noticias o la información sean, en esencia, las mismas, no las transmiten de la misma manera unos y otros y no las creemos de igual forma; depende de quién las diga. Además, a diferencia de personas que aceptan como cierto todo lo que escuchan, solemos tender a creer aquello que está en consonancia con nuestras propias creencias, vivencias, deseos, prejuicios o esperanzas y, por consiguiente, depositamos nuestra confianza en los informadores que tienen nuestras mismas (o próximas) formas de pensar sobre los distintos aspectos de la vida. Si bien esto no signifique que los demás no sean creíbles, nuestro comunicador elegido será más aceptado porque en él hemos depositado nuestra confianza. De igual modo, nuestro preferido tampoco tiene que ser creíble para otras personas que han podido seleccionar al que nosotros hemos descartado. Por otra parte, si aquél en el que creemos nos defrauda por el motivo que sea (por ejemplo, es pillado en una mentira), empezaremos a dudar de él y nuestra confianza se traspasará a alguno de sus compañeros, disminuyendo o, incluso, desapareciendo su credibilidad para nosotros. Por eso la confianza es tan importante en la obtención de credibilidad, no sólo para conseguirla sino también para mantenerla.
4.1. La credibilidad de la vozComo decíamos anteriormente, que una voz sea creíble no sólo depende del necesario dominio de los distintos elementos técnicos, sino que la actitud del hablante (locutor, comentarista, informador, etc.) es un factor fundamental que todo comunicador debe tener en cuenta; pero no sólo la actitud interna, es decir, si está alegre o triste o la predisposición con la que se afronta el discurso; sino también la externa, y con esto nos referimos a la postura y la distancia ante el micrófono. El estado anímico del comunicador es importante también en este aspecto. Dependiendo de cómo se coloque a la hora de hablar o de qué técnicas utilice para ello, el mensaje será más o menos inteligible, lo cual es fundamental para que sea creíble. En el medio radiofónico, la credibilidad es fundamental. Las causas son diversas, la mayoría de los programas son en directo, se hace un seguimiento constante de la actualidad y los oyentes pueden participar en los programas convirtiéndose también en protagonistas junto con los locutores, a través del feedback que se establece entre ellos. Todos estos elementos hacen que se aumente la credibilidad del medio radiofónico. Para Arturo Merayo Pérez y Carmen Pérez Álvarez (2001:140), la credibilidad es una de las cuatro características (junto con la proximidad psicológica, la atención y la eficacia) que el diálogo aporta a la narración radiofónica. La preparación minuciosa del diálogo radiofónico (el orden de preguntas y respuestas, así como las distintas intervenciones) hace que la conversación fluya de forma natural y el oyente tenga la sensación de que todo es espontáneo e improvisado. Como dice Vicente Mateos Sáinz de Medrano (2003:26): “ La radio tiene credibilidad por sí misma, mientras que la prensa escrita y la televisión tienen que ganársela ”. Sin embargo, no hay que olvidar que un elemento fundamental que afecta a la credibilidad, sobre todo en el medio radiofónico, es la voz. La voz es, como expresa Sáinz de Medrano (2003:38) “ la herramienta esencial de la comunicación radiofónica y el único elemento del código radiofónico capaz de definir, por sí mismo, el mensaje ”. Aunque a esta definición deberíamos añadir que, sin embargo, existen voces radiofónicas que se han hecho tan populares que atraen a los oyentes por sí mismas, incluso por encima del mensaje que puedan o quieran transmitir. La radio es la voz del locutor, es el comunicador que consigue que la radio sea un medio cercano porque humaniza las palabras, las personifica, evoca situaciones, provoca recuerdos y establece lazos emocionales con el oyente. De ahí la importancia de realizar una buena y correcta locución, ya que un desconocimiento de estrategias radiofónicas mermaría la eficacia del acto de la comunicación a través de la radio. La radiodifusión española ha evolucionado desde lo que se llamó el boom de la radio informativa (Vidal i Juanola, Marc, 14/07/05), en donde la información era una pequeña parte de la programación, hasta nuestros días, en los que hay una información continua, inmediata y constante. Los factores que caracterizan a la radio, es decir, “ la inmediatez e instantaneidad de la comunicación radiofónica, la simplicidad técnica de su proceso de producción y la movilidad en el proceso de consumo ” (Balsebre, 1964:15), junto con la rapidez, la simultaneidad y el que sea directa, hicieron que se pudiera ofrecer la información de los hechos tal y como estaban sucediendo. En ese momento se produjo el nacimiento de la credibilidad informativa de la radio en España, a la vez que, ese día, la televisión vio cómo disminuía la suya. Aparte de los condicionamientos físicos, expresivos de la propia voz, la radio como medio de comunicación, por las características innatas que tiene, hace que este medio de comunicación sea más creíble que el resto, informativamente hablando. Es el medio de comunicación de información por excelencia, porque su elemento principal es la palabra. Asimismo, para que una voz sea una buena voz radiofónica y creíble, es necesario que el locutor adquiera una serie de destrezas y conocimientos acerca de las técnicas a tener en cuenta en la lectura del mensaje, que transmitirá –sólo con su voz- a través de las ondas hertzianas.
4.2. Técnicas concretas de voz en la expresión oralTodo el mundo puede ponerse delante de un micrófono o auditorio y hablar, pero eso no significa que tengan una buena voz ni que la utilicen de forma adecuada o correcta. Si no se habla correctamente, nuestra fonación puede resentirse y nuestro mensaje no resultará efectivo. Los locutores de radio tienen que educar su voz y para ello deben conocer y dominar distintas herramientas de trabajo como la dicción, la entonación o el ritmo. La dicción, según la segunda acepción del Diccionario de la Real Academia Española (2000:745), en su vigésima primera edición, es la “ manera de hablar o escribir, considerada como buena o mala únicamente por el acertado o desacertado empleo de las palabras y construcciones ”. Para Sainz de Medrano (2003:105), la dicción consiste en producir correctamente los sonidos de los fonemas, sílabas, palabras y frases que constituyen un discurso. Para él, una dicción es buena si se produce una clara y precisa vocalización que permita decodificar los sonidos de todos los fonemas y sílabas del texto, discurso o alocución. Por nuestra parte, creemos que una vocalización clara es fundamental para todo aquél que pretenda comunicarse con los demás, ya sea un profesional de la información o una persona de a pie; aunque, naturalmente en la radio se convierte en un concepto primordial . El locutor debe poner especial empeño en pronunciar todas las sílabas y sus vocales y en hacerlo de forma que se le entienda claramente. De lo contrario, incurrirá en diversos errores de pronunciación muy comunes en el habla coloquial. Puede llegar a unir o contraer dos o más fonemas, omitir fonemas, sílabas o palabras; añadir fonemas ajenos a las palabras, alterar el orden de los fonemas o estirar las palabras y prolongar su pronunciación al final del vocablo. Asimismo, las incorrecciones en la dicción provocan incredulidad y desconfianza en el oyente. También aquí hay que tener en cuenta que una buena respiración en la lectura y en la pronunciación es muy importante para evitar estos errores: En la lectura, las respiraciones deben ser constantes y breves, que nos permitan crear matices y otros registros, y den firmeza y rigor a nuestras palabras, evitándose además con ello la eclosión de ruidos respiratorios al vaciar nuestros pulmones de forma precipitada o prolongada (como reteniendo la salida del aire). (González Conde, 2001:55). Así pues, la respiración no sólo ayuda al locutor en su dicción, sino que también evita esa sensación de ahogo al hacer una lectura larga. La entonación se podría definir como la “musiquilla” con la que leemos y hablamos, el énfasis que ponemos en unas palabras y no en otras, en unas sílabas determinadas para marcar la importancia de los distintos elementos del discurso y así, hacerlos más comprensibles, asimilables y más creíbles. Armand Balsebre (2000:145) también explica el concepto de entonación como “ música en las palabras ”. Dice de ella que lleva la parte sonora del texto, además de ser el elemento que nos permite distinguir la ironía al hablar o cualquier otra connotación del mensaje, o la forma que tiene el locutor (informador...) de transmitirnos sus emociones a lo largo del discurso. Para él, la entonación es la identidad musical de la voz radiofónica y lo que nos indica la riqueza polisémica que tienen las palabras en el invisible proceso de la comunicación radiofónica. Aunque nosotros, siguiendo la deducción del profesor Balsebre, determinamos la entonación como música, también nos apoyamos en otros autores que dan sus propias definiciones. Una de ellas, la que da Sainz de Medrano (2003: 99), nos parece que es una de las más claras y comprensibles, además de estar plenamente de acuerdo con ella. La entonación es definida por este autor de la siguiente forma: La entonación es la que marca el énfasis de manera clara y adecuada, según el sentido que se debe dar a las palabras y frases, para que el contenido llegue al oyente de manera nítida, directa y comprensible . La entonación varía según el tema del que se hable. No es lo mismo el tono grave que empleamos para hablar de una catástrofe que el tono alegre y distendido que usamos al hablar de un acontecimiento lúdico; por eso, depende de aquello que se quiere transmitir y del contexto en el que se transmite. También la locución necesita de una entonación que ayude al oyente a comprender el discurso de una forma rápida. Para eso está la inflexión de la voz con la que se busca, mediante el cambio de la intensidad y el tono, resaltar los aspectos y palabras clave de un texto. En este punto, Sainz de Medrano (2003: 100) se refiere a la locución informativa donde las inflexiones de voz y las pausas de la entonación, llenan de intención y sentido a lo que expone el locutor, siempre según su propio criterio. Por otra parte, si al hablar marcamos el énfasis en las palabras equivocadas, el significado del discurso puede “mal- interpretarse” o no ser comprendido como debería, pudiendo cometerse una serie de errores en los que es donde mejor se ve la “ función lingüísticamente significativa ” (Medrano, 2003: 99) de la entonación. Así, que el nivel del tono se mantenga demasiado bajo es, para Rodero (2003: 148), uno de los errores más graves y también más frecuentes entre algunos locutores de radio. En las ocasiones en las que esto ocurre, la expresión resulta apagada y el mensaje ininteligible, el oyente pierde interés por lo que se le está diciendo y disminuye su atención. Además, aunque determinados acontecimientos reclamen un tono grave en su exposición, el abuso de éste puede provocar que desaparezca la riqueza semántica que aportan las distintas entonaciones. De esta forma, dependiendo de cuál sea el contenido del mensaje, el locutor decidirá la entonación más apropiada. De la misma manera que leemos un relato, el locutor (informador, comentarista...) de radio, teniendo en cuenta el contenido de la información, dará una entonación y un acento determinados que generarán un ritmo. Por consiguiente, la entonación y el acento son elementos específicos del ritmo, aunque la característica principal es el tiempo (duración). Rodero (2003:193) señala esta dependencia diciendo que “ de forma general, el ritmo puede definirse como la variación en el tiempo de la combinación de ciertos elementos que conforman una estructura ”; y, de forma definitiva, define el ritmo radiofónico como el elemento que, mediante las variaciones prosódicas2 de duración (tiempo), genera unas estructuras que varían y que influyen en la comprensión del mensaje, a la vez que dan a conocer la importancia de los datos del texto. La consecuencia de esto es que, el ritmo recupera la atención y produce en el oyente unas sensaciones psicológicas que determinan el sentido del mensaje radiofónico. Sin embargo, en el medio radiofónico, mantener un mismo ritmo a lo largo de, por ejemplo, un programa, resulta más bien aburrido, y provoca en el oyente una pérdida de interés y de atención; mientras que si se altera su estructura, y se crea cierta tensión el interés crecerá y se captará la atención de la gente. Además, (…) en el ritmo de la locución no sólo influye el contexto sonoro en el que se intervenga en el momento en que se hable, sino que también depende en gran medida del estado anímico del locutor, y de la unidad y fluidez de pensamiento en el caso de la improvisación . ( Sainz de Medrano, 2003:103) La última parte de esta definición es muy importante. Como ya hemos dicho anteriormente, no basta con sujetarse en los recursos técnicos. Un texto leído por dos personas que dominen la técnica no suena de la misma manera. Puede ser que uno resulte más convincente que el otro, o incluso que los dos sean creíbles, pero no lo serán de la misma forma. En esto es en donde se ve la actitud, el estado de ánimo del locutor (comentarista...) y de su conocimiento sobre aquello de lo que habla. Es un factor que no hay que dejar de lado. Asimismo, en la locución radiofónica hay que procurar que la velocidad de lectura se adecue al contenido del discurso, de manera que éste sea fácilmente comprensible y ameno para el oyente. En los programas informativos, lo ideal es una velocidad de locución a medio camino entre muy lenta y demasiado acelerada, y no debe ser nunca entrecortada o arrítmica. Con una velocidad lenta, sólo se conseguiría que el oyente se aburriese y no prestase atención a los contenidos, además de no comprender o asimilar del todo el mensaje; mientras que con una velocidad rápida, el oyente tendría problemas para entender lo que dice el locutor y el mensaje no llegaría correctamente a sus destinatarios.
4.1.1. Actitud del hablanteComo hemos venido diciendo hasta ahora, la actitud que tenga el hablante es fundamental cuando pronuncie sus palabras ya que, dependiendo de cómo se sienta, así transmitirá su mensaje. Por eso, es importante que adquiera la experiencia para controlar sus sentimientos ante el micrófono y a manifestarlos en su justa medida cuando el texto lo requiera. Además, debe trabajar para aprender a utilizar y combinar las distintas técnicas para saber cuándo es mejor seguir las reglas y cuándo es preferible aplicarlas según su propio criterio e intuición proporcionándole así mayor fuerza, coherencia y credibilidad a su alocución. En la radio, la actitud se demuestra desde el momento en que el locutor se coloca delante del micrófono hasta que termina de hablar, como bien asegura Huertas Bailén (1999:110) . Lo más aconsejable es tener una actitud familiar y amigable, que esté más próxima a la charla coloquial que al discurso formal pero sin caer en lo chabacano y vulgar. Es mejor que destaque la sencillez, la cordialidad y la amabilidad sobre la complejidad, la distancia o la frialdad. En cuanto a la actitud a la hora de leer un texto, lo adecuado es que el locutor hable y no lea, es decir, que el mensaje forme parte de una conversación con su interlocutor (el oyente).
2 Prosodia y pronunciación: “conjunto de elementos de la locución que se manifiestan en la secuencia hablada y permiten comprender, dar sentido y significado y embellecer el mensaje radiofónico”.
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