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TÍTULOS DE CRÉDITO
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4. De las películas de cine mudo a “Seven” Los inicios de los títulos de crédito y su evolución van de la mano del séptimo arte. En las primeras películas de cine mudo, los créditos eran simples carteles en los que se rotulaban a mano o mediante impresión tipográfica el título, el reparto y algunos diálogos de vital importancia para el seguimiento de la trama narrativa. Estos carteles se realizaban sobre cartulinas o tablas de color negro en las que se dibujaba las letras mediante pinceles o plumillas en color blanco para mejorar el contraste y la legibilidad del texto. Se fotografiaban y se incorporaban a la película. La introducción del color y el sonido en el cine no supuso una gran revolución en los títulos de crédito. Fue más determinante la aplicación de técnicas que se estaban utilizando para la Publicidad y el Diseño Gráfico. Después de varias décadas, los carteles y los títulos de crédito se basaban en el mismo concepto creativo: mostrar a las estrellas del film mediante dibujos realistas y fotografías. Como mucho, algunas secuencias de títulos incluían pequeños fragmentos de escenas importantes para después mostrar a los protagonistas con un rótulo superpuesto. Fue precisamente un diseñador gráfico el que revolucionó todos los conceptos visuales que hasta entonces se habían aplicado en el cine. Saul Bass cambió la estética del séptimo arte presentando un diseño conceptual y simbólico de una gran fuerza semántica y metafórica que plasmaba a la perfección el espíritu del largometraje. Y se podría decir también que fue el responsable del primer proyecto de identidad corporativa para un largometraje (Meggs, 2002: 443). El director Otto Preminger contactó con él para que realizara el cartel de su película “El hombre del brazo de oro” (1955). Quedó tan encantado con la propuesta de un brazo negro, simple pero con un gran poder visual, construido mediante líneas quebradas, que le encargó también los títulos de crédito y el diseño de todo el material promocional, basándose en esa metáfora visual que reflejaba de forma inteligente la adicción a la heroína y la personalidad tormentosa del protagonista interpretado por Frank Sinatra.
En los títulos de crédito, al ser una película en blanco y negro, Bass utiliza la fuerza del negativo. La secuencia comienza con unas simples barras blancas que se mueven por la pantalla, introduciendo los nombres del reparto, en una perfecta coreografía sincronizada con la excelente banda sonora de jazz realizada por Elmer Bernstein. Los ochenta segundos que dura esta secuencia concluyen con la confluencia de las barras blancas que se transforman en el icono visual que representa el film: el poderoso brazo de formas quebradas en color blanco sobre fondo negro. Las décadas de los 50 y 60 estuvieron copadas en este apartado por Saul Bass, pero hubo otro diseñador que no es muy conocido, pero que dejó grabada en nuestra retina una breve escena que forma parte de nuestra cultura cinematográfica: la apertura de las películas de James Bond, convertida en la seña de identidad del agente 007, en la que el espía británico más famoso dispara a quien le está siguiendo a través de la mira telescópica de un arma y la pantalla se tiñe de sangre. El autor es Maurice Binder que diseñó catorce secuencias de títulos cargadas de psicodelia y sensualidad sobre la mítica banda sonora de Monty Norman y temas musicales como los interpretados por Shirley Bassey: desde “Doctor No” (1962) hasta “Licencia para matar” (1989). Robert Brownjohn le sustituyó siguiendo su mismo estilo en “Desde Rusia con amor” y “Goldfinger”. Pero Binder no sólo trabajó para el agente 007, también tiene créditos memorables como el de “Charada”. De esta época dorada quedan también para el recuerdo los fabulosos créditos realizados por De Patie y Freleng para “La pantera rosa” (1963) en la que la tipografía se mueve y actúa como un personaje más al son de la genial música de Henry Mancini. Se trata de una secuencia inicial de animación más larga de lo habitual (tres minutos y medio), pero que se hace amena por el humor con el que está realizada. El famoso diamante en cuyo interior se encuentra una imagen de un felino saltando aparece literalmente personificado en una graciosa pantera de color rosa animada. Su éxito fue tal que estos títulos de crédito fueron la base para la creación de una de las series televisivas más exitosas de dibujos animados. El personaje animado interactúa con los nombres del excepcional reparto creando situaciones hilarantes que esbozan una sonrisa en el espectador. En la década de los 70 la tecnología informática llega al cine permitiendo crear los primeros efectos especiales por ordenador. Dan Perri, que realizó uno de los inicios más recordados en “La guerra de las galaxias” (1977), y Robert y Richard Greenberg, que diseñaron la apertura y los títulos de “Superman” (1978), fueron los primeros en usar la tecnología más innovadora de la época. A pesar de las facilidades que ofrecían estos nuevos recursos, los títulos de crédito de esta década y la de los 80 no tenían una calidad conceptual tan brillante como en los años anteriores. Honrosas excepciones son algunas secuencias de títulos creadas por Pablo Ferro, que se inició con Stanley Kubrick en “Teléfono rojo” (1964) y Basil Dearden en “La mujer de paja” (1964). De estos años son las mejores aperturas realizadas por el diseñador de origen cubano: “Citizen's Band” (1977) y “Stop making sense” (1984), ambas de Jonathan Demme. Se vuelve a recobrar el interés y la calidad de los títulos de crédito en los años 90 de la mano de Kyle Cooper con la genial secuencia de apertura de “Seven” (1997), dirigida por David Fincher, en la que se intuye la personalidad del asesino sin ser mostrado directamente. Sólo con inquietantes planos detalle y una tipografía manual realizada a base de trazos nerviosos y superpuestos. En los dos primeros minutos del film se puede ver como un personaje, que intuimos que es el maniaco que comete los asesinatos siguiendo los siete pecados capitales, va construyendo un macabro cuaderno con una caligrafía obsesiva e imágenes escalofriantes que recorta y pega formando una diabólica documentación de los horrores humanos. La tipografía vibra, se mueve nerviosa y cambia de iluminación compulsivamente. Esta película dejó cautivado a los espectadores desde el primer segundo. Gracias a su amplia difusión, los créditos empezaron a ser más valorados por el gran público y se comenzó a rememorar piezas antiguas que antes pasaron desapercibidas. Tras este breve recorrido histórico vamos a detenernos en el que es considerado el mejor diseñador de títulos de crédito de todos los tiempos: Saul Bass. Aunque es el más importante o uno de los más conocidos, Julio Sanz (2004, 66) destaca otros nombres como Maurice Binder, Friz Freleng (ya comentados), Stephen Frankfurt, Arcady, Wayne Fitzgerald, Pablo Ferro (brevemente explicado, los hermanos Greenberg, Dan Perri (ya nombrados), Daniel Kleinmann, Ballsmeyer & Everett, Garson Yu, Robert Dawson, Juan Gatti (argentino afincado en España valorado como mejor diseñador de títulos de crédito del cine español), Deborah Ross o el estudio Bureau. |
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