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CONVERGENCIA MULTIMEDIA Y EDUCACIÓN
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1. Convergencia multimedia: campo semántico.Convergir o converger determina la tendencia a unirse en un punto. Cualquier término como este, afecto al de multimedia, de novedad inmaculada, abierto e indefinido, da lugar a imaginar un vasto campo de sentidos. Detrás de ese nuevo concepto hay todo un territorio experimental en el que tanto le ofrece lo que está sucediendo en el mundo digital para configurarlo, como la propia necesidad que tenemos para dotarlo de sentido y, con ello, acotar, sistematizar, trazar coordenadas a una realidad que es, en muchas ocasiones, velozmente esquiva, pero que necesitamos explicar para comprenderla, para ir más allá de vivir en ella. Mientras Villanueva (2000: 1) alude a la convergencia multimedia como una “renovación o tendencia, casi revolucionaria, de los medios masivos y de la industria de las Telecomunicaciones”, Cebrián Herreros (2005: 23) señala cómo la tendencia convergente de las tecnologías, que toman como soporte al ordenador, acaba por arrastrar a los medios que se soportan en ellas.
1.1. Planos de convergencia.Son numerosos los autores que indican el carácter polimorfo y multifactorial de este proceso de convergencia multimedia, y la necesidad de analizarlo más allá de sus aspectos puramente tecnológicos (vg. Salaverría: 2003) Por una parte, es precisa una convergencia tecnológica. Ello implica la existencia de sistemas formalmente capaces de intercambiar la información (desde los modelos de generación, modelado, transmisión y recepción) como así sucede en el campo de la información digital, pero también del establecimiento y puesta a disposición de amplias redes físicas de comunicación que posibiliten la transferencia entre organizaciones heterogéneas, y el establecimiento de fórmulas estandarizadas que prevean los modelos de intercambio y la interoperabilidad. Por otra, es necesaria una evolución de los servicios y de las aplicaciones, de modo que se satisfagan las demandas emergentes y evolutivas de aquellos colectivos a los que van destinadas. Además, se requiere un perfeccionamiento de los dispositivos y terminales, de las prótesis que utilizamos para interactuar con los mensajes. Es necesaria una simplificación de los sistemas de acceso, de la interfaces; su diseño debe estar orientado a la experiencia de usuario de tal forma que progresen hacia líneas como las indicadas, entre otros, por Alberto Knapp (2002: 350 y sucs.): independencia tecnológica, ubicuidad, interactividad, o relevancia. Como es lógico, ello supone también un cambio en los procesos productivos, en las estrategias comunicativas, en las rutinas profesionales, y en los procedimientos de creación, distribución y difusión de los textos. Asimismo, y por la naturaleza de la tecnología, la convergencia multimedia también impone un cambio en los usos comunicativos del público. La modificación de las estructuras de los medios masivos, que pasan a configurarse y a compatibilizar otros mecanismos de intercambio comunicacional, dan paso a que las fronteras entre destinador y destinatarios se difuminen, cuando menos se hagan más lábiles y permeables. Por último, y no menos importante, es considerable en qué medida se está produciendo una convergencia también de tipo industrial. La movilidad del sector, la variedad de fórmulas y estrategias comerciales, el carácter volátil e indeterminado de los productos virtuales, y la búsqueda de nuevos modelos de negocio (v.g. el estallido de la “burbuja tecnológica” en el año 2000), implica una constante readaptación de los modelos comerciales, y del establecimiento de sinergias industriales. Como señalaba un artículo de octubre de 2005 en el diario digital especializado La Flecha , “De buen grado o a la fuerza, las empresas de la nueva economía multiplican alianzas y adquisiciones para aprovechar los beneficios posibles por la convergencia entre Internet y medios de comunicación por una parte, y entre tecnologías de telecomunicaciones por otra”.
1.2. Usos e incidencias educativas.Como vemos, es una evidencia que, especialmente en los últimos años, los medios se han visto sacudidos por los cambios que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han introducido en todos sus aspectos: en su hacer, con sus rutinas profesionales, con sus formas de difusión, con la manera de relacionarse con sus destinatarios, con la forma en la que estos utilizan al medio y sus contenidos, etc. Se trata, en definitiva, de un cambio progresivo pero rápido que está transfigurando la imagen y la realidad de los medios, su papel social, sus modelos de negocio, sus metodologías y sus estrategias, en su misma esencia. El impacto de estos cambios ha llegado necesariamente al entorno educativo. En unos casos, gracias a las iniciativas de carácter administrativo, pero en muchas otras por la inquietud de muchos docentes e investigadores que han visto en estas tecnologías un motor de cambio del sistema educativo y del quehacer de sus agentes. Se trata, en todo caso, de una necesidad, de una ineludible adaptación de los procesos de enseñanza/aprendizaje a la Sociedad del siglo XXI, a sus procesos, a sus nuevas costumbres, a los requerimientos vitales de un mundo que ha pautado su forma de conocer y apropiarse de la realidad desde la extensión de estos recursos tecnológicos. La Red, como gran “contenedor” en el que se revelan todos los hallazgos y dificultades de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, muestra, en sus servicios, en sus contenidos, en sus aplicaciones y soluciones, todo el caudal de la convergencia de medios, y cómo ésta se pone al servicio de la Educación a través de múltiples opciones.
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